Las bebidas energéticas son bebidas refrescantes cuyo consumo se ha popularizado muchísimo en los últimos años.
Los jóvenes son el grupo de población más expuesto a su consumo y según los datos del Ministerio de Sanidad, en la encuesta ESTUDES, realizada en una población de estudiantes de 14 a 18 años del año 2023 indica que un 47,7% de los estudiantes ha tomado bebidas de este tipo en los últimos 30 días, y que la prevalencia es mayor en los chicos (54,4%).
Bebidas energéticas. ¿Qué contienen?
La composición principal de estas bebidas es la cafeína (habitualmente contienen 80 mg por lata, lo que equivale a un café expreso) y el azúcar (habitualmente contienen 30 g por lata cuando la OMS recomienda un consumo máximo de 50 g al día). Además, contienen múltiples otras sustancias y aditivos como la taurina, vitaminas del grupo B, la glucuronolactona, etc.
A la vista de esta composición, sus efectos y principal motivo por el que se consumen está claro: aumento de la energía, aumento de la resistencia física y mejoría del estado de alerta que ayuda temporalmente a mantener la concentración.
Efectos secundarios
Pero la cara B de la moneda son todos sus posibles efectos secundarios: insomnio (de conciliación o duración), nerviosismo, ansiedad, palpitaciones, aumento de la presión arterial, alteración del comportamiento, deshidratación, aumento de peso y trastornos metabólicos etc. Además de todo ello, su consumo habitual puede causar tolerancia y dependencia física.
Otro gran problema añadido a los posibles efectos secundarios:
- Se consumen en jóvenes que a su vez consumen otras sustancias psicoactivas (alcohol, tabaco y otras sustancias ilegales),
- Se consumen en jóvenes que asocian otras conductas de riesgo (borracheras y/o binge drinking),
- Se consumen en personas con hábitos de vida poco saludables a modo compensatorio (por ejemplo, en personas muy cansadas o estresadas).
Estas bebidas están sujetas a regulaciones sobre la composición, así como advertencias sobre los riesgos de consumo excesivo. En nuestro caso, el Reglamento (UE) 1169/2011 obliga a incluir la mención en el etiquetado de bebidas con alto contenido en y azúcar.
¿Qué recomienda la Asociación Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición?
La Asociación Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) recomienda evitar su consumo en caso de niños y niñas, adolescentes, mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, personas con problemas cardiovasculares y con alteraciones del sueño. También recomiendan que no se combinen con bebidas alcohólicas y que no se utilicen para rehidratarse tras realizar deporte, finalmente subrayan que en caso de consumirse, sea de forma ocasional.
En resumen, aunque son muy tentadoras, no son en absoluto necesarias en el marco de una vida saludable. Bienestar y salud van de la mano de una hidratación sin bebidas energéticas con elevado contenido en cafeína y azúcares.
Si necesitas energía para estudiar, concentrarte o hacer ejercicio, lo mejor es mantener unos hábitos de vida saludables, ya que estos te la proporcionarán de forma más fisiológica, segura y duradera.
Las bebidas energéticas, aunque atractivas por su promesa de energía instantánea, pueden desencadenar efectos adversos importantes si se consumen de manera habitual o en combinación con otras sustancias. Por ello, es fundamental optar por alternativas más saludables que promuevan el bienestar a largo plazo. Incorporar hábitos de vida equilibrados, con una buena alimentación y descanso adecuado, es la mejor forma de mantener el nivel de energía de manera natural y segura.
Bibliografía
- Recomendaciones de consumo de bebidas energéticas, Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030
- Bebidas energéticas. Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones








































